!NO PUEDO DORMIR! ¿QUÉ PASA CON EL INSOMNIO?
Tal vez conoces a alguien que tiene dificultad para conciliar el sueño, seguramente habrás oído muchas veces a personas cercanas quejarse de no poder dormir bien, tardar mucho en hacerlo o despertar con suma facilidad y lamentarse que padecen insomnio.
Existen varios trastornos del sueño, pero sin duda el insomnio es el más frecuente en nuestra sociedad. Se caracteriza por una dificultad para iniciar o mantener el sueño, lo que provoca que se reduzca la cantidad de tiempo que dormimos, la calidad de ese descanso sea peor y por lo tanto la eficacia reparadora que se espera de ese tiempo de sueño sea también más baja. Las consecuencias de ello son conocidas, ya que es muy probable que alguna noche en vela hayas tenido, sabrás que dormir poco y mal se traduce en una reducción de nuestro rendimiento, mayor cansancio, peor humor, disminución de la capacidad de concentración o mayor irritabilidad, entre otras cosas. Básicamente, la falta de descanso producido por una mala calidad del sueño provoca una disminución considerable en nuestra calidad de vida.
Ahora bien, tenemos que diferenciar los tipos de insomnio, ya que existen diferencias importantes entre ellos. De esta forma si atendemos al tiempo, no tiene la misma problemática un insomnio temporal o transitorio, aquel que padecemos durante unos días o semanas con un insomnio crónico que se prolonga por largos espacios de tiempo y conlleva asociado, generalmente, problemas de ansiedad y merma en la salud física y psíquica.
Con relación a su origen el insomnio de clasifica en primario y secundario. El insomnio primario es aquel no está relacionado con un problema de tipo mental ( depresión o ansiedad), ni médico ( demencia, Parkinson, Alzheimer, enfermedades cardíacas u otros), el consumo abusivo de sustancias psicoactivas (drogas, alcohol, tabaco, etc.) o con otro tipo de trastorno de sueño, como pueden ser las pesadillas.
El insomnio secundario es aquel que tiene una relación directa con problemas médicos, psicológicos, ambientales o farmacológicos, de manera tal que las alteraciones psicológicas que resultan más evidentes con este tipo de insomnio son el estrés, los trastornos del estado de ánimo ( depresión, ansiedad, distimia, etc. ) trastornos psicóticos como la esquizofrenia o trastornos de la personalidad ( Morin, 1994). También cualquier enfermedad somática que curse con dolor, enfermedades degenerativas del sistema nervioso central y problemas del sistema respiratorio (apneas del sueño o hiperventiliación).
Del mismo modo hay que considerar el manejo inadecuado de las expectativas que el individuo tiene en relación al sueño. Estas expectativas pueden convertirse en una profecía autocumplida, ya que al insistir en la necesidad de dormir o de dormir un determinado número de horas y tener dificultades para lograrlo puedo provocar el efecto contrario, así como las condiciones ambientales en el momento del sueño, la temperatura, el ruido, el tipo de cama entre otros son elementos que también pueden afectar al sueño y producir insomnio.
Si nos centramos en el insomnio primario, es decir aquel que en principio no está provocado por ningún problema médico o mental ni al consumo de sustancias, y que de alguna manera se podría achacar a aspectos conductuales y cognitivos y que son susceptibles de tratar desde esta escuela psicológica, tenemos las siguientes perspectivas teóricas de sus causas ( Lacks, 1987).
El insomnio primario provocado por una activación somática. Un exceso de activación fisiológica y tensión muscular son antagónicas con el sueño. Un ejemplo claro en este caso sería la práctica de ejercicio físico antes de irse a dormir y la dificultad que acarrea conciliar el sueño por un exceso de tensión.
La activación emocional es otro factor a tener en cuenta. Se produce en mayor medida en perfiles de personalidad ansiosa, predispuesta a interiorizar las reacciones provocadas por los acontecimientos diarios y de alguna manera somatizar la tensión que estos provocan. Este afrontamiento deficiente conduce a un estado emocional elevado y su consiguiente activación fisiológica que dificulta el sueño.
Un tercer motivo es la ansiedad por activación. Una vez que el individuo experimenta dificultades para dormir, puede tender a querer controlar de forma voluntaria el proceso de sueño-vigilia. Quera dormir, se esforzará en hacerlo y ello puede llevar al efecto opuesto, produciendo un círculo vicioso de ansiedad que dificulte el dormir todavía más.
Otro aspecto a considerar es el control del estímulo. El lugar en donde vamos a dormir debe ser precisamente eso, un lugar para dormir. Los estímulos que produce una situación concreta se corresponden con la conduzca que ocurre en esa situación. Así si la habitación se utiliza para comer, ver la televisión, trabajar en el ordenador, leer, o cualquier otra cosa que no sea dormir, puede llevar a una dificultad a la hora de dormir ya que el estímulo de esa habitación no se relaciona unicamente con el sueño.
Por último, la activación cognitiva, es decir la falta de control del individuo de sus pensamientos una vez están en cama por la noche. El ser incapaz de dejar de pensar en algo, normalmente negativo y la dificulta para relajar la mente y poder descansar es una de las causas de insomnio más comunes.
Básicamente, el insomnio primario, aquel que puede deberse a causas conductuales y cognitivas y que no tiene relación con ninguna enfermedad mental o física, atiende mayoritariamente a esas causas, y todas ellas pueden ser tratadas con el fin de lograr lo que todos queremos, un sueño reparador, suficiente y que nos permita despertar con la sensación de descanso necesaria para afrontar el nuevo día.
Bibliografía.
Caballo, V.E. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 2: Formulación clínica, médica, conductual y trastornos de relación. Madrid. Edt Siglo XXI
Caballo, V. E. y Buela, G. (1991). Tratamiento conductual de los trastornos del sueño. En G,Buela y V. E. Caballo (dirs.), Manual de psicología clínica aplicada. Madrid. Edt Siglo XXI.
Lask, B. (1988). Novel and non-toxic treatment for night terrors. British Medical Journal, 297,618
Morin, C. (1993). Insomnia. Psychological assessment and management. Nueva York: Guilford Press.

